sólo quería una,
la tinta no salía,
intentaba escribir con agua...
Algo tenía que cambiar,
no sabía si para bien o mal,
estaba en mi mente aquel café
que tomamos en cualquier bar.
Sigo aquí, extraño,
nunca fui uno más entre cien,
entonces se acercó el camarero
y me marché sin pedir.
Con tormenta en mi mente,
seguía vagando bajo el sol de invierno,
la cabeza me daba vueltas,
escondido, donde siempre...
El loco carioco