pero nunca la alegría,
supe que a mi mismo me mentía
y preferí mantenerme engañado.
Se acabaron las pasos de gigante,
se terminaron las malas mentiras,
las luces de colores,
los trucos mágicos...
Se terminó la mala vida
y cualquier mal rato,
la música cegadora,
el whisky barato.
Abandoné las cárceles
dónde andaba perdido mi pensamiento,
cuando olvidé que no hay más error,
que no tenerlo...
El loco carioco
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